Un nuevo primero de octubre para la historia y la devoción de nuestra Hermandad.
Fieles a nuestra cita, volvimos a rezar el Santo Rosario junto a Nuestra Señora de la Esperanza Nazarena en una tarde imborrable de fe y entrega a María.
Aunque los cielos encapotados encendieron la incertidumbre y mantuvieron nuestras miradas alzadas en oración, la providencia se hizo presente al fijar la hora de salida: las nubes se abrieron y una luz tenue acarició el rostro bendito de Nuestra Madre, haciendo resplandecer la dulzura inagotable de su Esperanza.
Rodeada por una marea de devotos, María Santísima fue conducida en oración hasta la Iglesia de San Andrés, donde fuimos recibidos con cálida hermandad por la Cofradía de la Sentencia y el padre Don Ángelo.
Entrada la noche, pasadas las 20:30 horas, la Virgen retornaba a su templo con andar sobrio y elegante, acariciada por el trabajo impecable de sus cargadores y a los compases de nuestra Agrupación Musical.
Elevamos nuestra gratitud a cada devoto que caminó junto a la Virgen Esperanza Nazarena, a las representaciones de las hermandades hermanas y a la Hermandad de la Sentencia por abrirnos las puertas de su casa con verdadero espíritu evangélico, por su predisposición y ayuda en todo momento.
Otro Rosario bendito que guardaremos para siempre en el corazón nazareno.